martes, 2 de junio de 2026

Los 100 años de aquel glorioso “Sexteto Habanero”.

 Por: Ricardo R. Oropesa Fernández

 (Este articulo, el autor lo publico inicialmente, varios años atrás, en diversos portales cubanos y del mundo. Vale la pena  aclarar que desde ese momento a la fecha el articulo ha sido modificado y actualizado por el autor para sus libros y publicaciones, es por ello, quizá, que en nuevas publicaciones se encuentren variaciones al mismo que han sido pertinentes para la evolución del mismo.) 

Resulta muchas veces incomodo escribir sobre historias más que conocidas en la museografía cubana y en particular de las agrupaciones soneras, de una larga tradición que rozan lo legendario, precisamente este término forma parte inevitable de las Leyendas y como casi siempre ocurre que las “Leyendas” llevan una pesada dosis virtual de los mementos vividos, es así que muchas veces no nos detenemos a corroborar cuan cerca de la verdad pueden estar las historias que nos nutren el espíritu. De esta agrupación sonera y su celebración queremos comentar y esclarecer aspectos distorsionados sobre su historia, nos referimos al Septeto Habanero  del cual muchos estudiosos se han referido y nos han presentado una sistematización de su trayectoria equivocadamente.

 

Los Sexteto de sones en la Habana.

Los formatos instrumentales de Sexteto de Sones son creación del movimiento musical de La Habana, correspondiéndole, por su orden según la cronología discográfica, al Quinteto Típico de Boloña en 1916 y la Orquesta Típica Habanera de Godínez en 1918, son los dos primeros Sextetos de Sones organizados profesionalmente e impresos en la fonografía en la historia de la música cubana. Alfredo Boloña al organizar su “quinteto” de sones se omitió en la relación de sus integrantes, pero como se puede apreciar era en realidad un Sexteto de sones incluyéndose a él, al parecer fue un juego de palabras o que era obvio que era un quinteto suyo que sumarian seis.

 Desde el surgimiento del formato orquestal más universal de Cuba, los Sextetos de Sones, en los inicios del siglo pasado y tal vez antes en La Habana, se hicieron nombrar por los emblemas de los barrios a que pertenecían y no pocos adicionaban el nombre de su organizador, especificando el año de su creación, costumbre que los pioneros del género sabiamente sistematizaron, muchos son los ejemplos de esas agrupaciones soneras, Sexteto Botón de oro de 1926; Septeto Habana 1932; Septeto Favorito de 1947; Septeto Sonora Piñón 1939; Sonora nacional septeto Espinosa y Piñón; Sexteto lírico musical invasores de Guanabacoa; Septeto antiguo Terry; Sexteto de Belén, Septeto Cauto de Manuel “Mozo” Borguellá; entre otros, estableciéndose el uso de la bandera o estandarte que identificaba la agrupación, generalmente con los colores de los “Santos” que lo apadrinaban, quien tuviera la custodia del estandarte era poseedor de la propiedad de la “Sociedad Musical” según el registro legal en la oficina de registro del Gobierno Provincial de La Habana, pero lamentablemente no todas las agrupaciones fueron registradas o inscriptas por falta de gestión o por dificultades económicas.

 Muchos estudiosos de nuestra musicología, equivocadamente, han planteado que la Orquesta Típica Habanera de Godínez en 1918 fue el antecedente del Sexteto Habanero, cuestión que es fácil de descartar, primero porque Carlos Godínez no fue fundador del Sexteto Habanero en 1920 y segundo porque aun cuando él sustituyó a Ricardo Martínez rayando el tres, ninguno de los fundadores participó en sus grabaciones de 1918, ni Godínez tuvo participación en el Sexteto Oriental del tresista Ricardo Martínez organizado en 1918 al 1919.

 

Sexteto Habanero.

Entre los pioneros de estas agrupaciones soneras, en 1919, está el Sexteto Habanero dirigido por Guillermo Castillo García (Guitarra, 2. Voz), que tuvo su antecesor, un año antes, en el Sexteto Oriental de Ricardo Martínez Martínez, tresista oriental, que perdiera la dirección por manejos indebidos de las finanzas de la agrupación.Ricardón o Charada como se le apodaba – comentó Bebo Bacallao, en entrevista al autor- era un empedernido jugador de dominó en el Café “La Diana” en el barrio Dragones y se veía obligado a empeñar su instrumento siempre que perdiera por lo que los integrantes del Sexteto se veían obligados a pagar para poder tocar en las fiestas, mi padre y mi padrino Oscar Sotolongo, tuvieron sus discusiones por esto, Ricardón sale del Habanero en 1920, además por la disputa con Guillermo después de terminar una fiesta y los demás integrantes lo apoyan, entonces van a buscar a Godínez que era también de Los Apaches en el barrio Dragones donde se reunían todos ellos.

 


Ya para finales de 1920 fue sustituido, Ricardo Martínez por otro eminente tresista habanero, Carlos Godínez Facenda. La formación del Sexteto Habanero de 1921 quedó integrada por Guillermo Castillo García (director); Carlos Godínez Facenda (Tres); Gerardo Martínez Rivero (Vos prima, claves); Felipe Nery Cabrera (Maracas); Antonio Bacallao Alcázar (Botija) y Oscar Sotolongo (bongó),  hasta que en 1924 estos dos últimos integrantes abandonaron la agrupación por desacuerdos con Felipe Nery Cabrera Urrutia, quien era propietario del Sexteto Habanero, habiéndolo registrado a su nombre todo el proceso legal de inscripción en el Gobierno Provincial de La Habana, por la negativa del resto de sus compañeros a pagar los impuestos correspondientes. El Rey de las maracas, Felipe Nery Cabrera mantuvo en su poder la bandera y la propiedad del Sexteto Habanero, convertido en 1927 a Septeto, hasta su fallecimiento el 24 de junio de 1936 delegando en su esposa, Juana González de Cabrera, ambos atributos.

La situación económica del país y la decadencia de los Septetos de Sones en 1935, unido a las pugnas internas entre los integrantes fundadores, Guillermo Castillo-Gerardo Martínez, y estos con el propietario Felipe Nery, hacen que Carlos Godínez se reincorpore al ejército nacional como integrante de la Banda de Música, así como Guillermo Castillo deje la dirección musical del emblemático Septeto Habanero abandonando definitivamente la agrupación y Gerardo Martínez organice su agrupación musical, nombrándola, Conjunto Típico Habanero RCA Víctor, debido al impedimento de utilizar el nombre y la bandera del Septeto Habanero en poder de la viuda de Felipe Nery Cabrera. Con la muerte de Felipe Nery Cabrera definitivamente desaparece, el místico, Septeto Habanero fundado en 1920 por Ricardo Martínez.

La compositora Juana González de Cabrera al fallecer su esposo sigue la línea dura de exigir retribución económica por el uso del nombre Septeto Habanero, lo que explica la disolución de la agrupación, esta exigencia fue mantenida por la viuda hasta su muerte en 1983, no sin antes haber autorizado en la década del 1940 a la Casa discográfica RCA Víctor, en su afán por aumentar las ventas de sus producciones discográficas, a realizar varias grabaciones empleando el nombre de Septeto Habanero por un generoso pago, pero sin la participación de sus fundadores exigiendo se grabaran temas de su autoría y de su difunto esposo. El destino final de la propiedad y la bandera del Septeto Habanero es un misterio que se llevó a la tumba Juana González de Cabrera.

Después de 47 años de desaparecido el Septeto Habanero de Felipe Nery Cabrera y fallecida Juana González de Cabrera, el Conjunto Típico Habanero RCA Víctor de Gerardo Martínez, renombrado por Manolo Furé en 1962 como Conjunto Típico Habanero, bajo la guía de Pedro Ibáñez y con la autorización del Consejo Artístico Técnico del Centro Provincial de la Música “Ignacio Piñeiro”  dirigido por Ricardo Prado, toman la decisión en 1984 de convertir el Conjunto Típico Habanero en Septeto Habanero con la reducción a una trompeta y la omisión de la tumbadora, quedando integrado el nuevo Septeto Habanero por ocho integrantes, una vez que se mantienen los tres cantantes del formato de Conjunto. ¡Un Septeto de nueve que suena a Conjunto, con un repertorio mayoritariamente de Pedrito Ibáñez!

Siguiendo la tradición de los pioneros de las agrupaciones soneras de nombrar a los Sextetos y Septetos de sones por su título, nombre del dueño y/o director y el año de su formación, cabría preguntarse en este año 2015, ¿los cubanos estaríamos celebrando el de la fundación del centenario de aquel Septeto Habanero 1920 de Felipe Nery Cabrera disuelto en 1936 o los 32 años de la desaparición del Conjunto Típico Habanero renombrado Septeto Habanero 1983 de Pedrito Ibáñez, que ahora toma como suyo el inicio de aquel legendario Septeto Habanero de 1920? O ¿el actual Septeto Habanero (noneto) esta celebrando sus primeros 37 años?

martes, 12 de mayo de 2026

DICHOSA HABANA, UN CANTO A LA CIUDAD MARAVILLA

Por: Ricardo R. Oropesa.

(Este articulo, el autor, lo publico inicialmente en el año 2019 en diversos portales cubanos y del mundo. Vale la pena  aclarar que desde ese momento a la fecha el articulo ha sido modificado y actualizado por el autor para sus libros y publicaciones, es por ello, quizá, que en nuevas publicaciones se encuentren variaciones al mismo que han sido pertinentes para la evolución del mismo.) 

A 95 años de creación de esta Marcha Abakuá, seguimos sintiendo la presencia de su creador cantándole a La Habana: Ignacio Piñeiro. 

 La Habana arriba a los 500 años de su fundación y por “La Habana lo mas grande.” es el emblema de la celebración de todos los cubanos por la fiesta de su capital, una de las siete “ciudades Maravillas” del Mundo contemporáneo, declarada por votación entre millones de visitantes. 

A la Habana le han cantado muchos en Cuba y en otros lares, desde La Habana se ha internacionalizado al mundo su cultura, la danza, la literatura, la plástica, el cine, pero sobre todo los ritmos musicales de nuestra identidad, la rumba, el son, el chachachá, el mambo, la cancionística, entre algo más de un centenar de esas creaciones musicales de todo tipo de géneros y ritmos.

Desde su fundación La Habana acogió e inspiró a los creadores musicales, con esa impronta la “Habanera”, de Eduardo Sánchez de Fuentes, con su contradictoria visión teórica pero que su música lleva, inevitablemente, la carga negra de nuestras raíces, se expandió por el mundo, no menos importante lo ha sido la naturalización de la Contradanza Europea en “Criolla” con su carga de “acongamiento”, llevándonos esa herencia al estilizado Danzón y Danzonete, todos cristalizados después de un largo proceso de mestizaje rítmico y tímbrico resultado de la fusión transcultural llegada a nuestra Isla.

La rica y amplia gama de estilos de la cancionística cubana que recoge la bolera, la bachata, la canción patriótica, el filin y un sinfín de variantes, sin embargo, poco se ha referido a la genial creación de Ignacio Piñeiro de su Marcha Abakuá o Clave Ñáñiga como género musical y su manera de aporte a la llamada “trova cubana”, sí, Ignacito Piñeiro era trovador y encontró su propio modo de manifestarse, único e irrepetible estilo, la Clave Ñáñiga. Pocos saben que desde niño pulsaba con destreza la guitarra de seis órdenes y era un inspirado creador musical, un prolífico poeta decimista. Que no le fue suficiente transformar los “Coros de Claves” en “Coros de Clave y Guaguancó”, al introducir el guaguancó en esos orfeones habaneros y los fundamentos carabalí, como militante del Abakuá. Como buen habanero puso en manos de grandes de la Trova sus creaciones, el cuarteto Nano de los hermanos León, el Trio Villalón, el Dúo María Teresa Vera- Rafael Zequeira, hasta Antonio María Romeu, entre muchos más, que desde 1914 le llevaron su música al disco. Y cuando no le fue suficiente fundó el Sexteto Nacional de Cuba en 1927, cristalizando así el “son habanero” con esa introducción del guaguancó y el abakuá que ha expandido por todas las latitudes del globo terráqueo, siendo reconocido como el “Poeta del Son cubano” desde 1928.


                           IGNACIO PIÑEIRO (cortesía de Esteban Isnardi II)


Al referirse a su introducción y generalización de la música Abakuá, en las Marchas Abakuá de Piñeiro, - José Reyes Fortún, destacado musicólogo cubano y militante Abakuá de la potencia Abarakó Taibá -, señala:

De esta manera, la música abakuá fue paulatinamente asomando al mundo social y a la música popular profesional, como expresión del cancionero trovadoresco, incorporado a la configuración musical conocida como trova. Dúos de cantadores o trovadores –iniciados o no como abakuá— cantaban bellas melodías abakuá, concebidas en compás de 6/8 para con gran acierto, divulgar en todo lo que valen, los cantares abakuá en el marco de la música profesional, hasta llegar con éxito a la entonces naciente industria discográfica. Generalmente, estos músicos eran iniciados Abakuá, y eran profundos conocedores del Fambá Nitanga (música abakuá), que también se acompañaba como la clave folclórica y el guaguancó con tambores, apoyados por un patrón rítmico producido por un hierro. Que en el caso de Piñeiro se expresa en otros formatos de dúos y tríos, como forma de hacer la trova. 

En su faceta de cronista de La Habana, Ignacio Piñeiro, en muchas de sus rumbas y sones reflejan su amor por La Habana y sus campos, muchas de sus místicas guajiras-sones, otra de sus genialidades creaciones, llevan el orgullo de su adorada Habana.

Al referirse sobre esta creación de Piñeiro, el musicólogo Raúl Martínez explica:

Las marchas Abakuá o claves Ñáñigas, creadas por Ignacio Piñeiro que parecen ser una variante de rumbas y sones urbanos, son cadencias que este músico mezcló y realizó una fusión a la manera de nuestra música actual. Las primeras de que se tienen referencias están en las cantadas por los coros de clave y rumbas en que Piñeiro pertenecía, y después en la discografía de los famosos dúos de moda de la época como el de Adolfo Colombo y Claudio García, y los significativos trovadores Alberto Villalón y Juan de la Cruz Hermida. Dicho género, casi desconocido en la época actual por la musicología cubana durante todo su complejo desarrollo musical, se compone de una línea melódica con elementos hispánicos y un ritmo de una fuerte influencia africana que la hace realmente muy atractiva como texto y música. Este género se escribe en dos partes: una tres por ocho y la otra en dos por cuatro. Una de ellas, “Alta sociedad”, está escrita en lengua carabalí de los Abakuá.  

Entre 1926 y el 1927 Piñeiro fue generoso en el uso de expresiones ñáñigas en sus composiciones.  “Es posible a esto se debiera que no fuera investido con la jerarquía de Enkríkamo, una posición importante dentro de la organización Abakuá, por haber divulgado posibles secretos de la misma.” Nada de eso impidió difundiera y transitara los aportes de la cultura Carabalí a la rumba, la trova y al son, convirtiéndose en un facilitador de la transculturación Abakuá a la música popular de su tiempo, siendo pionero en la fusión de ritmos y géneros musicales.

Entre muchas Claves Ñáñigas compuso “Dichosa Habana o Iyamba Beró” grabada por el Trío Villalón, en Nueva York para la casa discográfica Víctor (V - 78860 - 9/21/1925 (10")), integrado por Alberto Villalón Morales, Bienvenido León Chacón y Juan de la Cruz Hermida, este último Iyamba (jerarca) de la potencia Abakuá Abarakó Taibá. 


Dichosa Habana (Iyamba Beró) 

Dichosa Habana, 

Que confunde la gente, 

El más malo es decente,

Y vive a la campana,

El que menos usted piense, 

Es un puro Abakuá, 

Que suelta la levita,

Y toca el bonkó,

Y llamando al Iyamba beró,

Entona sonoro, 

Como regio Abanékue,

Un armonioso compás. 


El que menos usted piense, 

Es un puro Abakuá, 

Que suelta la levita,

Y toca el bonkó,

Y llamando al Iyamba Beró,

Entona sonoro, 

Como regio Abanékue,

Un armonioso compás. 


Ya yo banganchéme,  

Eforí Enkomó komó banganchéme 

Ya yo banganchéme ecue entuma   

Ya yo banganchéme,  

Ya yo banganchéme,   

Ya yo banganchéme,  

Eforí Enkomó komó banganchéme,

Ya yo banganchéme,  

Y aunque no entienda una papa,

De lo que canta el monina,

Al oír como coordina,

También te ayuda a cantar,

Al mismo son.


Betongo naroko, sucobacariongo

Betongo Ecobio musagara yenica sucobacariongo 

Betongo naroko, sucobacariongo.


En eso entró el mosongo, 

Con el diablito cargado,

Cantando desesperado,

En su típica impresión,

Ekuenebion.


Ooya senseribo enyuao, oya.

Sancantion manantion dira Iyamba O,

Ya senseribo enyuao, oya.

 Al analizar el texto de esta obra musical en primer lugar es una franca crítica a la clase burguesa, que sin conocer las tradiciones Carabalí pretenden imitar o realizar sin respeto, en sus fiestas de moda, las ceremonias Abakuá y sus fundamentos, pues es una época de fuerte presencia abakuá en la vida de los habaneros de todos los estratos sociales, a esta influencia no escapó ninguna de las ramas del arte.  En segundo término, demostrando poéticamente e innovando un ritmo combinado de los cantos Abakuá y la rumba a una Marcha Abakuá con acompañamiento de guitarra, las claves (como recurso de los Moruá Yuansa) y a dos voces en el formato instrumental de Trio. La lírica del texto y sus melodías son propias de los coros y enkame de los cantos en los templos Abakuá. 

Ya con anterioridad a la polémica Clave Ñáñiga o Marcha Abakuá, “En la Alta Sociedad”, Ignacio había compuesto muchas otras, entre las que estaba “Dichosa Habana” esclareciendo los motivos que lo llevaron a componerla su compañero y trascriptor de sus obras el trompetista Lázaro Herrera explicaba:

“Este es una clave ñáñiga que Piñeiro escribió antes de 1927 para los ricos que eran amigos de los ñáñigos, y los ñáñigos los defendían. Juan de la Cruz le dijo a Piñeiro: “¿Ya tú le sacaste un canto a la sociedad Abakuá?” y dice Piñeiro “sí, ya” y en eso entraron dos o tres personalidades de plata (políticos y hombres de negocios, blancos y ricos) que Piñeiro no los conocía, quien los conocía era Juan de la Cruz, se los presentaron y Piñeiro, que era de los Abakuá, reconoció a aquellas personalidades, que también lo eran, entonces sacó el número “Dichosa Habana”

El longevo trompetista y arreglista musical de las obras de Piñeiro, Lázaro Herrera, narraba sus inicios en el Sexteto Nacional, que era muy joven cuando realizó su primera actuación en la finca de uno de los ricos en las afueras de la Habana, el Marianao, en diciembre del 1927, donde llegaron y estaban muchos hombres, todos blancos, dueños de negocios y políticos y mujeres de la vida desnudas allí, mucho ron, tabacos y comida, que Juan de la Cruz le suministraba guarda espaldas y administradores de sus propiedades y grupos de música para sus fiestas, allí el Sexteto tocó varias tandas con los sones de Piñeiro, rumbas y que Juan de la Cruz, Villalón (Alberto) con Piñeiro cantaron esas Claves Ñáñigas y canciones a dúos, que fueron muy bien pagados. Y cuando estaban bien cargados de Ron, rompieron a cantar abakuá. Esas Claves Abakuá también fueron cantadas en España cuando fueron en 1929.


                               Presentación en España del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro 

                                                

La Habana es dichosa desde sus orígenes, entre sus hijos ha contado con aportes de disimiles culturas, lo que don Fernando Ortiz llamó “Ajiaco”, las contribuciones y aportes Carabalí a través de su Sociedad Secreta Abakuá, una creación comunitaria única de su tipo y privativa de la capital, después extendida, sólo, ha Matanzas, está por estudiar más profundamente y difundir, como uno de los componentes esenciales de la conformación de nuestra identidad nacional. 

A la Habana, uno de sus más destacados músicos cubanos, Ignacio Piñeiro Martínez (21/5/1888 – 12/3/1969), nacido en el barrio Jesús María, criado en Pueblo Nuevo y fallecido en San Miguel del Padrón,  lo inspiró en sus creaciones musicales su bella e irrepetible Habana, a ella dedicó en sus rumbas y sones, “Lindo Yambú” y “Cuatro Palomas”, entre muchas más, emocionantes versos: “… los rumberos de la Habana son de sangre ardiente…” y sobre todo suplicó “… habanera no te canses, de querer a tu sonero, que si me olvidas me muero, sin tus caricias no puedo vivir…”